Lux Lindner
21 de marzo – 30 de abril, 2026
INFORMACIÓN
Imaginemos un futuro en el que un investigador reconstruye la historia del arte argentino de las últimas cuatro décadas. Sin la presencia constante y la mirada aguda humorística, a veces incómoda— de Lux Lindner, ese relato sería irremediablemente incompleto. Si Lux no hubiera estado, ¿quién podría erigirse como el cronista mordaz, no literal, hiperculto, de una argentinidad compleja y absurda, forjada entre contrabandos coloniales, pasiones colectivas desbordadas, períodos crueles y truculentos, una tradición intelectual notable y un persistente culto a los vínculos afectivos?
Una cultura determinada puede producir un número finito de mentes verdaderamente singulares: aquellas capaces de sostener una lectura del entorno social con lucidez implacable y de abordarlo desde perspectivas inesperadas. Lux Lindner es, sin duda, una de esas mentes argentinas.
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Lux es un artista profundamente político, en el sentido de quien observa a sus conciudadanos en esta polis que es Argentina, desde los años setenta —cuando él crecía hasta la actualidad. Los dibujos sobre tela que presenta en el subsuelo pertenecen a una serie realizada en 2006, al cumplirse treinta años del inicio de la dictadura, y se centran en el período 1976–1978. El rol del fútbol —más allá de su condición de pasión de multitudes— como herramienta para distraer y tapar horrores criminales cometidos por el estado, o como herramienta para construir riquezas espurias (como leemos estos días en las noticias), es parte del entramado del ser argentino y fue uno de los temas de esa serie de Lindner. La serie se exhibió originalmente en la galería Braga Menéndez, central en ese momento.
Escribe Lindner:
“Temporada 76/ 78 alude al arco temporal…desde el Golpe de Estado de marzo de 1976 hasta la entrada de Kissinger y Videla en el vestuario del equipo de fútbol peruano en junio de 1978, justo antes de un muy sospechoso 6 a 0 que permitirá a la Selección Argentina llegar a la final y de ahí al Título y de ahí al festejo en las calles…”
Las imágenes de Lindner están herméticamente codificadas, pero una lectur atenta deja entrever sus narrativas. En una, se construye una central televisiva a color para transmitir el Mundial mientras, a pocos metros, se acarrean cuerpos de desaparecidos. En otra, aparece el personaje creado por el artista, el “Niño Mierda”: un chico de los años setenta, contracara del Juanito Laguna de Berni, que crecía en la pobreza pero en medio del optimismo desarrollista de los años cincuenta y sesenta. El personaje de Lindner es una víctima de una sociedad hipócrita que transita el asesinato de su propia gente joven. Y, sin embargo, no despierta empatía: no tiene nariz, carece de “olfato” para percibir lo que ocurre a su alrededor.
Las pinturas —o dibujos sobre tela, como el propio Lindner prefiere llamarlos— están realizadas con un minimalismo tonal que, entre grises claros y blancos, roza el susurro, casi el silencio. Para esta ocasión, el artista ha expandido las obras originales de 2006, incorporando elementos textuales que funcionan como metacomentarios y aportan contexto. La muestra se completa con una banda sonora producida por el músico experimental Alan Courtis, compuesta por un playlist de sonidos de los años setenta —las Trillizas de Oro, relatos deportivos, discursos oficiales— reproducidos en reversa.
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Lindner es, ante todo, un dibujante perpetuo. En su juventud, el dibujo era casi una forma de respiración: un ejercicio cotidiano de supervivencia. En algún momento Lux partió hacia Europa y dejó a su madre una consigna tajante: deshacerse de todos sus dibujos. Afortunadamente, ella desobedeció y los conservó. En 2012, aparecieron cajas con dibujos de los años noventa, que fueron en gran parte incorporados a la colección del MALBA, luego de que Eduardo Costantini se sentara a hojearlos y seleccionara más de ciento veinte.
Recientemente emergió otra caja, esta vez con dibujos de 1987, que son los que se exhiben en esta ocasión. En ellos ya se perciben la destreza del artista y su mirada incisiva sobre su tiempo y su entorno: Lindner ha sido siempre, dentro de su propio vocabulario visual, un retratista de lo social. Una serie de retratos masculinos se titula “Gente común y corriente”. Aparecen referencias a la cultura joven de fines de los años ochenta: los “raros peinados nuevos”, las élites contraculturales; incluso se menciona “Gran Hermano” como concepto, mucho antes de la existencia del programa televisivo. Un autorretrato delata la fascinación del joven artista por los dibujos de Giacometti.
Lux Lindner (Buenos Aires, 1965) ha exhibido su obra desde finales de los años ochenta. Presente en el Centro Cultural Rojas en la década de los noventa y representado por la influyente galería Braga Menéndez en los años dos mil, ha participado en innumerables exposiciones en Argentina —en el Museo Moderno, MALBA, Centro Cultural Recoleta, Colección Amalita, Fundación Andreani, entre otras instituciones— así como en espacios privados y en exhibiciones internacionales como la Bienal de Estambul o The Drawing Center, Nueva York. Ha sido distinguido con el Segundo Premio del Salón Nacional de Artes Visuales en Categoría Dibujo (2021), Primer Premio de la Oficina de Monumentos Consensuados (2018), el Tercer Premio de Pintura del Banco Nación (2017), Premio Fundación Andreani (2009), Premio Konex Categoría Dibujo (2002), Premio Federico Jorge Klemm a las Artes Visuales (2006) y Premio Braque (1997), entre otros.
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